John Muir

“La naturaleza es el templo,
el santuario del ser humano,
y como tal debe ser preservado”
John Muir

John Muir (1838–1914) fue un prolífico naturalista. Escribió más de 300 artículos y 10 libros, donde narró sus viajes y exploraciones. Estas publicaciones le proporcionaron una importante tribuna para exponer y defender su filosofía sobre la naturaleza, la vida salvaje y la preservación de los grandes espacios, consiguiendo un notable impacto en la sociedad de su época.

Con Muir nace el concepto de “Wilderness”, de imposible traducción al castellano, pero que intenta reflejar la idea de los grandes espacios salvajes incontaminados, en estado puro, no modificados por la actuación humana.

Esta visión es absolutamente excepcional, única e irrepetible en el Siglo XIX, en una nación poderosa que iba explorando su territorio y empezaba a construir su poderío a partir de la explotación de los recursos naturales.

Muir tiene la intuición genial, casi divina, de la necesidad de protección de la naturaleza, y si hoy conocemos a las “Sequoias” es gracias al tesón de Muir en su defensa. Si hoy la figura de los “Parques Nacionales” tiene el prestigio actual, es gracias a Muir, que consiguió convencer a sus contemporáneos que era necesario proteger determinados espacios de toda actuación humana.

Uno de los rasgos más sobresalientes del pensamiento de Muir es dar un valor moral a la naturaleza y el paisaje. Hasta su época la tradición filosófica occidental negaba cualquier valor moral a todo aquello que no fuera humano y en ningún caso estaba dispuesta a aceptar que un bosque, un glaciar, un río o una pradera tuviera valor por sí mismo, no en tanto en cuanto por estar al servicio o disposición del ser humano, sino por su mera existencia, y por lo tanto hubiera una justificación ética en su protección.

La incansable defensa de Muir de esta línea de pensamiento le convierten en uno de los ideólogos fundamentales del conservacionismo, y en una de las piedras angulares de la escuela de Concorde, que junto con Thoreau y Emerson, es una referencia en una nueva filosofía y ética. Con estos autores Muir configura una visión cuasi religiosa de la naturaleza, un elogio de la vida salvaje frente a la intelectual y sienta las bases para la crítica a una civilización que se está forjando, puramente materialista y utilitarista, que hace a los hombres dependientes de los otros sin contacto con el medio natural, en la línea del trascendentalismo defendido por Emerson.

Cuando otras líneas de pensamiento, especialmente la liderada por Gifford Pinchot (1865-1946) plantean un uso controlado de los recursos naturales, con una visión más economicista, enfrente se alza el pensamiento de Muir que aboga por una protección total de determinados espacios naturales. Estas dos tradiciones, la conservación pura y la utilización controlada de los recursos naturales, encarnadas por Muir y Pinchot serán los motores del posterior movimiento conservacionista y ecologista mundial.

Muir fue un visionario, con una intuición genial, y pieza fundamental en el nacimiento de la consciencia conservacionista, que con el tiempo dará lugar al movimiento ecologista.

Muir tuvo una importante influencia social en su época, gracias a su notable actividad publicista, con constante colaboraciones en la prensa y publicaciones periódicas, y con la publicación de 10 libros. Sus páginas escritas destacan de manera muy homogénea por su calidad literaria, la sencillez y belleza de su prosa, su espiritualidad natural y la transmisión de su filosofía conservacionista, que le convierten en la conciencia ambientalista nacional de los Estados Unidos.

Su influencia es grande, su visión de la naturaleza, su concepción del paisaje y de la vida natural transciende a su obra.

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